Voces, territorios y raíces: la diversidad de los pueblos originarios de Guerrero
Guerrero, un territorio de diversidad cultural y lingüística
Guerrero es un estado pluricultural cuya historia y vida contemporánea no pueden comprenderse sin reconocer la presencia de sus pueblos originarios. Sus lenguas, conocimientos, formas de organización y vínculos con el territorio constituyen una parte fundamental de la identidad colectiva del sur de México.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, en Guerrero viven más de medio millón de personas mayores de tres años que hablan alguna lengua indígena. Su presencia se concentra principalmente en las regiones de La Montaña y Costa Chica, aunque también se extiende por otras zonas del estado.
Esta diversidad se encuentra representada principalmente por cuatro pueblos: Nahua, Ñuu Savi —también conocido como Mixteco—, Me’phaa —identificado históricamente como Tlapaneco— y Ñomndaa —conocido como Amuzgo—.
Cada uno posee una historia, una lengua y formas particulares de relacionarse con su comunidad y su entorno. Hablar de ellos como una sola población ocultaría la diversidad que existe entre sus territorios, variantes lingüísticas, conocimientos y expresiones culturales.
Cuatro pueblos, múltiples formas de comprender el mundo
El pueblo Nahua tiene presencia en distintas regiones de Guerrero, particularmente en el Centro, La Montaña y el Norte. Sus comunidades conservan variantes lingüísticas, celebraciones, prácticas agrícolas, conocimientos medicinales y formas de organización vinculadas con su historia y su territorio.
El pueblo Ñuu Savi, cuyo nombre puede traducirse como “pueblo de la lluvia”, se encuentra principalmente en La Montaña y Costa Chica. Sus comunidades mantienen una estrecha relación con la agricultura, el trabajo artesanal, la música, las celebraciones y la transmisión oral de conocimientos.
El pueblo Me’phaa posee una presencia profundamente arraigada en la Montaña de Guerrero. A través de sus distintas variantes lingüísticas y prácticas comunitarias, ha sostenido procesos de organización y defensa frente a problemas como la desigualdad, el despojo y la explotación de los bienes naturales.
Por su parte, el pueblo Ñomndaa se concentra principalmente en la Costa Chica. Entre sus manifestaciones culturales destaca una tradición textil conservada y transformada por generaciones de mujeres tejedoras, cuyas creaciones expresan historias, símbolos y conocimientos propios de sus comunidades.
El Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales permite reconocer que estos pueblos no conforman grupos lingüísticos uniformes. Dentro de sus lenguas existen diferentes variantes, cada una vinculada con comunidades y territorios específicos.

Las lenguas también son territorios de memoria
Una lengua no es solamente un medio para comunicarse. En ella se conservan maneras de nombrar la naturaleza, comprender los ciclos agrícolas, transmitir conocimientos medicinales, contar la historia y explicar la relación de una comunidad con el mundo.
Cuando una lengua deja de hablarse, no desaparecen únicamente sus palabras. También se debilitan memorias, conocimientos y formas particulares de interpretar la realidad.
Por eso, preservar las lenguas originarias implica reconocer el derecho de sus hablantes a utilizarlas en la vida cotidiana, la educación, la atención médica, los procedimientos legales y los espacios institucionales.
El reconocimiento de esta diversidad requiere superar las miradas que consideran a las lenguas indígenas como expresiones del pasado. Son lenguas vivas que cambian, se adaptan y acompañan las experiencias actuales de sus comunidades.
Mujeres indígenas: memoria, economía y comunidad
Las mujeres indígenas desempeñan una labor fundamental en la transmisión de las lenguas y los conocimientos comunitarios. En los hogares, espacios de trabajo, asambleas, campos de cultivo y celebraciones enseñan a las nuevas generaciones formas de hablar, elaborar, cuidar, producir y organizarse.
Su participación también sostiene actividades económicas como la producción textil y alfarera, la agricultura, la preparación de alimentos, el comercio local y otras prácticas artesanales. Estas labores preservan conocimientos culturales y contribuyen al sustento familiar y comunitario.
Sin embargo, reconocer sus aportaciones no significa reducirlas únicamente al papel de guardianas de la tradición. Las mujeres indígenas también son autoridades, defensoras, productoras, comunicadoras, promotoras comunitarias, educadoras y participantes activas en los procesos de transformación de sus territorios.
Muchas encabezan acciones relacionadas con la defensa del agua y la tierra, la soberanía alimentaria, la preservación de la biodiversidad y la exigencia de derechos colectivos. Sus liderazgos se construyen desde realidades diversas y, con frecuencia, enfrentan simultáneamente desigualdades de género, discriminación, pobreza y falta de acceso a servicios.

La riqueza cultural convive con desigualdades profundas
La diversidad cultural de los pueblos originarios no debe presentarse de forma idealizada ni separarse de las condiciones materiales que enfrentan sus comunidades.
Las regiones indígenas de Guerrero continúan padeciendo dificultades relacionadas con el acceso a la salud, educación, vivienda, alimentación, caminos, conectividad y oportunidades económicas. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social ha señalado que la pobreza afecta de manera especialmente grave a numerosos municipios indígenas del país.
Estas condiciones no son resultado de las culturas originarias, sino de desigualdades históricas, abandono institucional, discriminación y modelos de desarrollo que no siempre reconocen las decisiones y necesidades de las comunidades.
Honrar a los pueblos indígenas exige ir más allá de admirar sus textiles, artesanías o celebraciones. También implica respetar su autonomía, garantizar sus derechos lingüísticos y territoriales, reconocer sus formas de organización y escuchar sus demandas.

Visibilizar sin sustituir sus voces
Desde Mujeres Luciérnagas: Paz, Memorias, Territorios y Desarrollos del Sur compartimos la infografía “Voces, territorios y raíces” como una herramienta introductoria para acercarnos a la presencia y diversidad de los pueblos originarios de Guerrero.
La información estadística ayuda a dimensionar esta realidad, pero ninguna cifra puede contener por completo la historia, los conocimientos ni las experiencias de una comunidad.
Visibilizar no debe significar hablar en nombre de los pueblos. Nuestro compromiso es contribuir a que sus voces sean escuchadas y a que sus propias formas de nombrarse, organizarse y comprender el territorio ocupen un lugar central.
Invitamos a leer, guardar y compartir esta información, pero también a profundizar en las fuentes, conocer las variantes lingüísticas y acercarse con respeto a las voces de quienes mantienen vivas estas culturas.
Defender la diversidad es reconocer que cada lengua, memoria y conocimiento comunitario forma parte del presente y del futuro de Guerrero.
Porque los territorios también hablan.
Porque las raíces sostienen la memoria.
Porque ninguna comunidad debe permanecer invisible.
Fuentes consultadas
- Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. Medición de la pobreza a nivel municipal 2020.
- Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres. Mujeres indígenas y sus aportes al desarrollo sostenible y la conservación de la biodiversidad.
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Censo de Población y Vivienda 2020.
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Panorama sociodemográfico de Guerrero 2020.
- Instituto Nacional de Lenguas Indígenas. Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales.
- Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Atlas de los Pueblos Indígenas de México.
Sobre Mujeres Luciérnagas
Colaboradora de Mujeres Luciérnagas.