Construyendo redes de apoyo y comunidad

Más allá del 8M: nombrar el machismo cotidiano para transformar las desigualdades

Por Mujeres Luciérnagas

marzo 06, 2026

Lectura de 5 min

Más allá del 8M: nombrar el machismo cotidiano para transformar las desigualdades

Encender diálogos por la igualdad

El 5 de marzo de 2026, Linayme Paulette Reyes Ávila, integrante de Mujeres Luciérnagas: Paz, Memorias, Territorios y Desarrollos del Sur, impartió el taller “Sexo, género y violencias invisibilizadas: claves para entender el machismo cotidiano” en la Universidad Loyola del Pacífico.

La actividad se realizó en la Biblioteca Carlos Escandón y estuvo dirigida a alumnas y alumnos de distintas licenciaturas. Formó parte de la jornada “Más allá del 8M: reflexiones y retos”, organizada por el Sistema Educativo Loyola del Pacífico en el marco del Día Internacional de la Mujer.

A través de conferencias, talleres, instalaciones y espacios de diálogo, la jornada reunió a especialistas, activistas, académicas y profesionales de diferentes áreas para reflexionar con la comunidad estudiantil sobre la igualdad, los derechos de las mujeres, la deconstrucción de estereotipos y las violencias que persisten dentro y fuera de los espacios educativos.

Linayme Paulette Reyes Ávila.

Comprender la diferencia entre sexo y género

Uno de los puntos centrales del taller fue distinguir entre sexo y género, conceptos que suelen utilizarse indistintamente, aunque se refieren a aspectos diferentes.

Comprender esta diferencia permite analizar cómo las sociedades asignan expectativas, comportamientos, responsabilidades y formas de relacionarse a las personas de acuerdo con ideas previamente construidas sobre lo que significa ser mujer u hombre.

Desde edades tempranas aprendemos mensajes sobre cómo debemos vestirnos, expresarnos, ocupar los espacios o relacionarnos con otras personas. Estas normas también influyen en la distribución de las tareas de cuidado, las oportunidades profesionales, la participación pública y el ejercicio del poder.

Cuando estas construcciones se presentan como naturales e incuestionables, pueden sostener relaciones desiguales y limitar la libertad de las personas. Por ello, aprender a reconocerlas constituye un primer paso para transformarlas.

Sexo y género son conceptos que suelen utilizarse indistintamente, aunque se refieren a aspectos diferentes.

Las violencias que se vuelven cotidianas

El taller también abordó las formas sutiles mediante las cuales el machismo aparece en la vida diaria. No todas las violencias se manifiestan de manera evidente; algunas permanecen ocultas bajo la apariencia de bromas, costumbres, cumplidos, consejos o supuestas muestras de afecto.

Interrumpir constantemente la participación de una mujer, descalificar sus conocimientos, controlar su forma de vestir, responsabilizarla de las tareas de cuidado o cuestionar sus decisiones son prácticas que pueden llegar a normalizarse.

También existen discursos que justifican los celos, el control y la vigilancia dentro de las relaciones afectivas, o que responsabilizan a las mujeres de las agresiones cometidas en su contra.

Al repetirse de manera cotidiana, estas actitudes contribuyen a crear entornos donde la desigualdad parece normal. Nombrarlas permite dejar de considerarlas inofensivas y comprender que forman parte de estructuras sociales más amplias.

La reflexión con las y los estudiantes ayudó a identificar actitudes, prácticas y discursos que reproducen estereotipos y perpetúan distintas formas de desigualdad.

Estudiantes reflexionando e identificando actitudes, prácticas y discursos que reproducen estereotipos y perpetúan distintas formas de desigualdad.

La educación crítica como herramienta de transformación

Desde Mujeres Luciérnagas creemos que la educación crítica no consiste únicamente en transmitir información. También debe generar preguntas, cuestionar aquello que se ha normalizado y ofrecer herramientas para comprender cómo se construyen las relaciones de poder.

Los espacios educativos tienen una responsabilidad fundamental en la prevención de las violencias. En ellos pueden reproducirse estereotipos y desigualdades, pero también pueden desarrollarse nuevas formas de convivencia basadas en el respeto, la corresponsabilidad y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas.

Dialogar con las juventudes permite revisar las prácticas presentes en sus relaciones familiares, escolares, afectivas y digitales. También las invita a reconocerse como participantes activas en la construcción de entornos más seguros e igualitarios.

Las transformaciones sociales no ocurren únicamente mediante grandes acciones. También comienzan cuando una persona cuestiona una broma, distribuye equitativamente las tareas, respeta los límites de otras personas o decide no guardar silencio frente a una situación de violencia.

Los espacios educativos tienen una responsabilidad fundamental en la prevención de las violencias.

El 8M es memoria, lucha y resistencia

El Día Internacional de la Mujer no es una celebración desvinculada de la historia. Es una jornada de memoria, lucha y resistencia frente a las violencias y desigualdades que han atravesado las vidas y los territorios de las mujeres.

En este contexto, la Universidad Loyola del Pacífico desarrolló una programación que incluyó la instalación “Las que faltan”, dedicada a recordar a las mujeres desaparecidas; el taller “Igualdad que se vive: juventudes que transforman”; y la conferencia “Memoria que incomoda, exigencia que transforma: el 8M en la universidad”, centrada en la violencia de género y el acoso dentro de los espacios universitarios.

Estas actividades permitieron abordar el 8M desde diferentes miradas y recordar que los desafíos relacionados con la igualdad no terminan cuando concluye una jornada conmemorativa.

Se abordó el 8M desde diferentes miradas.

Diálogos que deben continuar

Agradecemos al Sistema Educativo Loyola del Pacífico por invitar a Linayme Paulette Reyes Ávila y abrir sus espacios a conversaciones necesarias para la formación integral de su comunidad.

La participación de Mujeres Luciérnagas en esta jornada reafirma nuestro compromiso con una educación que cuestione las estructuras patriarcales, visibilice las violencias normalizadas y contribuya a construir relaciones más justas.

Nombrar una violencia no la resuelve de inmediato, pero permite reconocerla, dejar de justificarla y comenzar a actuar frente a ella.

Más allá del 8M, seguiremos organizándonos, tejiendo redes y encendiendo diálogos por la igualdad. Porque cada reflexión puede convertirse en una acción y cada acción puede iluminar nuevos caminos para nuestros territorios.


M

Sobre Mujeres Luciérnagas

Colaboradora de Mujeres Luciérnagas.

Deja un comentario