Memorias para la justicia: cine, arte y protesta contra el olvido en Guerrero
La memoria como respuesta ante la injusticia
El 26 de noviembre de 2025, Mujeres Luciérnagas: Paz, Memorias, Territorios y Desarrollos del Sur llevó a cabo una jornada de cine, conversación y protesta como parte de la serie “Memorias para la Justicia en Guerrero”.
La actividad se realizó en el Centro Cultural DEMINA Laboratorio de Artes, en Acapulco, con la proyección del documental El Señor Gobernador, dirigido por el cineasta francés Jean-Émile Jeannesson. La presentación estuvo acompañada por una selección de la serie pictórica Aicus Arreug, del artista acapulqueño Luis Vargas Santa Cruz.
Este encuentro cultural y político surgió como respuesta al homenaje organizado en Huitzuco por el 117 aniversario del natalicio del exgobernador Rubén Figueroa Figueroa, con la participación de autoridades estatales y municipales.
El reconocimiento institucional provocó el rechazo de familiares de víctimas, activistas, organizaciones civiles, personas defensoras de derechos humanos e integrantes de la comunidad académica. Figueroa Figueroa, gobernador de Guerrero de 1975 a 1981, ha sido señalado por su responsabilidad política durante uno de los periodos más violentos de la llamada guerra sucia en la entidad.
La Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero documentó desapariciones forzadas, ejecuciones, detenciones arbitrarias, tortura y otras violaciones graves a los derechos humanos cometidas durante la persecución de movimientos sociales y organizaciones guerrilleras. La memoria de estos hechos continúa presente en las familias y comunidades que aún buscan verdad y justicia.
Un documental frente al poder autoritario
El Señor Gobernador fue producido en 1981 por la televisión francesa y el Institut national de l’audiovisuel como parte de la serie Un viaje a México. A lo largo del documental, la cámara acompaña a Rubén Figueroa durante distintas actividades personales y gubernamentales.
Las imágenes permiten observar, sin la mediación de un homenaje oficial, la manera en que el exgobernador hablaba, se relacionaba con su círculo cercano y ejercía el poder. Sus expresiones y comportamientos exhiben una visión autoritaria, machista y profundamente jerárquica de la política.
La proyección buscó recuperar este documento audiovisual como una fuente para examinar críticamente el pasado reciente de Guerrero. Mirar estas imágenes de manera colectiva permitió contrastar la representación institucional del exmandatario con los testimonios, investigaciones y memorias de quienes padecieron la represión de Estado.
La historia no puede reducirse a ceremonias conmemorativas que omitan las experiencias de las víctimas. Recordar también significa confrontar las imágenes públicas construidas alrededor de quienes ejercieron el poder y preguntarnos qué voces fueron silenciadas para sostenerlas.
Aicus Arreug: representar la violencia para no normalizarla
La jornada incorporó una selección de la serie pictórica Aicus Arreug, creada por el artista acapulqueño Luis Vargas Santa Cruz como parte del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Guerrero en 2009.
Después de cerca de 15 años sin presentarse, una parte de esta obra volvió al espacio público para acompañar la proyección. Su presencia permitió establecer un diálogo entre el registro documental, la creación artística y la memoria histórica de la violencia estatal en Guerrero.
El título Aicus Arreug invierte las palabras “guerra sucia”, alteración que invita a mirar desde otro ángulo una historia que durante décadas ha sido ocultada, fragmentada o narrada desde el poder.
Frente a la violencia, el arte puede revelar aquello que los discursos oficiales intentan suavizar. También puede convertirse en testimonio, denuncia y punto de encuentro para una sociedad que necesita hablar sobre sus heridas.
Conversar para construir memoria colectiva
Después de la proyección se abrió un espacio para la conversación y la reflexión. El objetivo no fue observar el documental como una pieza aislada, sino relacionarlo con las desapariciones forzadas, la persecución política, la tortura y las distintas expresiones de violencia de Estado que marcaron a Guerrero.
La actividad también permitió cuestionar el papel de las instituciones culturales en la construcción de la memoria pública. Elegir a quién se homenajea, qué hechos se recuerdan y qué historias se excluyen no es una decisión neutral.
Cuando una institución reconoce a una figura vinculada históricamente con graves violaciones a los derechos humanos, contribuye a normalizar su legado y profundiza el agravio hacia las víctimas y sus familias.
Por ello, la cultura debe ser un espacio para el pensamiento crítico, la verdad y el reconocimiento de quienes han luchado durante décadas contra el silencio y la impunidad.
Una exigencia pública de memoria, verdad y justicia
Durante esta acción, Mujeres Luciérnagas se sumó a las expresiones de rechazo provocadas por el homenaje y planteó dos exigencias públicas:
- Una disculpa del Gobierno del Estado de Guerrero a la sociedad, a las víctimas y a sus familias por contribuir a la normalización de la figura de Rubén Figueroa Figueroa mediante un homenaje institucional.
- La destitución de la secretaria de Cultura de Guerrero, Aída Melina Martínez Rebolledo, por su participación en la promoción de un acto considerado contrario a los principios de memoria, verdad y justicia.
Estas demandas coincidieron con las manifestadas por familiares de víctimas y organizaciones sociales tras el homenaje. La inconformidad pública fue registrada por distintos medios de comunicación, que documentaron tanto el acto institucional como la respuesta de quienes señalaron a Figueroa como una figura central de la represión política en Guerrero. La cobertura posterior también dio cuenta de las exigencias de las víctimas y sus familias.
La cultura no es neutral
“Memorias para la Justicia en Guerrero” nace del convencimiento de que la cultura tiene una responsabilidad frente a la historia. El cine, la pintura, la palabra y la protesta pueden ayudarnos a desmontar las narraciones que justifican o minimizan la violencia.
Esta primera proyección convirtió una azotea en un espacio de cine comunitario, memoria viva y resistencia. Encontrarnos para mirar, conversar y expresar nuestra inconformidad fue una manera de rechazar el olvido y defender el derecho de las víctimas a ser reconocidas.
Desde Mujeres Luciérnagas continuaremos impulsando acciones culturales y políticas que preserven la memoria histórica de Guerrero, acompañen la exigencia de justicia y cuestionen cualquier intento de reivindicar a quienes ejercieron el poder mediante la violencia y la represión.
Porque recordar también es resistir.
Porque sin memoria no puede haber justicia.
Porque la cultura no es neutral: es un espacio para la verdad, la resistencia y la justicia.
¡Ni perdón ni olvido!
Sobre Mujeres Luciérnagas
Colaboradora de Mujeres Luciérnagas.