Mujeres Luciérnagas aporta la experiencia de Guerrero a la construcción de ADAPTAMX
La experiencia de los territorios del sur llega a un espacio nacional
La Mtra. Linayme Paulette Reyes Ávila, cofundadora y directora general de Mujeres Luciérnagas: Paz, Memorias, Territorios y Desarrollos del Sur, participó en la Mesa de Género e Interseccionalidad realizada como parte del proceso nacional “Construyendo colectivamente la Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático de México” (ADAPTAMX).
Este proceso, convocado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), reunió a integrantes de organizaciones de la sociedad civil, colectivas, instituciones públicas, academia y distintos territorios del país.
El propósito del encuentro fue generar insumos, propuestas y líneas de acción que permitan incorporar de manera efectiva la perspectiva de género e interseccionalidad en la política nacional de adaptación al cambio climático.
Las desigualdades también determinan los impactos climáticos
Los efectos del cambio climático no afectan de la misma manera a todas las personas ni a todos los territorios. Las condiciones de género, pertenencia étnica, ubicación geográfica, situación económica y acceso a servicios influyen directamente en la capacidad de las comunidades para enfrentar, resistir y recuperarse de los fenómenos climáticos.
Desde la experiencia territorial de Guerrero, la participación de Linayme contribuyó a visibilizar los impactos diferenciados que enfrentan las mujeres, particularmente quienes habitan comunidades costeras, indígenas, afromexicanas y rurales.
En estos territorios, la pérdida o afectación de medios de vida relacionados con la pesca, la agricultura, la producción artesanal y otras actividades comunitarias puede incrementar las desigualdades existentes. A ello se suma el aumento de las tareas de cuidado, la inseguridad alimentaria, las dificultades de movilidad y las limitaciones para acceder a recursos, información y espacios de decisión.
Por esta razón, una política nacional de adaptación no puede construirse únicamente desde criterios técnicos.
Mujeres indígenas y afromexicanas en la construcción de soluciones
Desde la mesa de personas indígenas y afromexicanas, Linayme compartió reflexiones y propuestas construidas a partir de la experiencia de los territorios del sur de México.
Su participación destacó la importancia de escuchar directamente a quienes viven los efectos de la crisis climática y sostienen procesos cotidianos de organización, cuidado y defensa del territorio.
Incorporar una perspectiva interseccional implica reconocer que las mujeres indígenas y afromexicanas no constituyen grupos homogéneos. Sus experiencias se encuentran atravesadas por condiciones territoriales, económicas, culturales y comunitarias distintas.
También significa reconocerlas como productoras de conocimiento, defensoras de bienes comunes, autoridades, trabajadoras, cuidadoras, creadoras y participantes activas en la construcción de soluciones.
Las políticas climáticas requieren de su participación no sólo como población destinataria, sino como actoras con capacidad para proponer, decidir y acompañar las acciones que se implementen en sus comunidades.
Ciencia, arte, cultura y conocimientos comunitarios
Durante los diálogos se planteó la necesidad de transversalizar la acción climática y ampliar los espacios de participación desde diferentes campos del conocimiento.
La ciencia resulta indispensable para comprender los fenómenos climáticos, anticipar riesgos y diseñar estrategias de adaptación. Sin embargo, también es necesario establecer un diálogo con el arte, la cultura, la memoria colectiva y los saberes construidos por las comunidades.
Las personas que habitan los territorios poseen conocimientos sobre los ciclos del agua, los cambios en las temporadas, el comportamiento de los ecosistemas, las prácticas agrícolas, los recursos disponibles y las formas comunitarias de enfrentar situaciones adversas.
Estos conocimientos no deben idealizarse ni considerarse sustitutos de la investigación científica.
La memoria como herramienta de adaptación
Uno de los planteamientos compartidos durante la participación fue la importancia de la memoria colectiva frente al cambio climático.
Recordar cómo se han transformado los territorios, qué fenómenos se han repetido, qué estrategias utilizaron las generaciones anteriores y qué conocimientos permitieron responder a situaciones adversas puede fortalecer las capacidades comunitarias de adaptación.
Cuando estas experiencias dejan de transmitirse, las comunidades corren el riesgo de padecer una especie de amnesia ambiental: se pierde la memoria de los cambios, los riesgos se normalizan y las respuestas construidas anteriormente dejan de formar parte del aprendizaje colectivo.
Recuperar los saberes ancestrales y las memorias comunitarias permite identificar continuidades, reconocer transformaciones y fortalecer estrategias frente a fenómenos que se presentan de manera recurrente.
La memoria, en este sentido, no pertenece únicamente al pasado. También es una herramienta para comprender el presente y construir alternativas de futuro.
No existe justicia climática sin defensa del territorio
La participación de Mujeres Luciérnagas también señaló la necesidad de cuestionar los proyectos extractivistas y las dinámicas de despojo que profundizan las vulnerabilidades socioambientales.
No es posible hablar de adaptación climática sin considerar las condiciones en las que se encuentran el agua, la tierra, los ecosistemas, los espacios públicos y los medios de vida comunitarios.
Tampoco puede construirse justicia climática sin reconocer y proteger a las personas defensoras ambientales y comunitarias. Quienes defienden los bienes naturales y los territorios realizan una labor fundamental, pero con frecuencia enfrentan amenazas, criminalización, desplazamiento, violencia y falta de reconocimiento institucional.
Desde Mujeres Luciérnagas consideramos indispensable garantizar condiciones de seguridad, participación y reconocimiento para quienes sostienen estas luchas.
Las mujeres deben participar en las decisiones
Cada voz que llega a una mesa de decisión lleva consigo memorias, luchas, conocimientos y esperanzas construidas junto con muchas otras personas.
La presencia de las mujeres en estos espacios no debe reducirse a una participación simbólica. Sus propuestas deben incorporarse en la planeación, implementación, seguimiento y evaluación de las políticas climáticas.
La adaptación será insuficiente si las decisiones continúan tomándose lejos de los territorios o sin la participación efectiva de quienes enfrentan directamente sus consecuencias.
Por ello, desde Mujeres Luciérnagas reafirmamos que las políticas climáticas deben construirse desde los territorios, con las comunidades y mediante una perspectiva de género, justicia ambiental e interseccionalidad.

Agradecimiento y compromiso
Agradecemos al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático y al Mtro. Orlando Lozano, aliado en Guerrero, por la invitación y por impulsar esta jornada de diálogo, codiseño y construcción colectiva.
Nuestra participación en este proceso reafirma el compromiso de Mujeres Luciérnagas con la memoria comunitaria, la defensa de los territorios, la justicia climática y el reconocimiento de los conocimientos producidos por las mujeres del sur.
Seguimos convencidas de que no habrá adaptación climática sin justicia de género, ni justicia ambiental sin la participación de las mujeres que habitan, conocen y defienden los territorios.
Frente a la crisis climática, las mujeres no somos espectadoras. Somos productoras de conocimiento, defensoras del territorio y protagonistas de las soluciones.
Sobre Mujeres Luciérnagas
Colaboradora de Mujeres Luciérnagas.


